En el norte de Vietnam hay una ruta que todo aquel que busque una auténtica aventura debe recorrer: Ha Giang.
Mi viaje comenzó en Hanói. Para explorar esta misteriosa región del norte de Vietnam, tomé un tren nocturno con literas hacia Lao Cai, un viaje que duró unas ocho horas.
Cuando llegué a primera hora de la mañana, lo primero que hice fue alquilar una moto. Es la forma más libre de explorar las montañas y los pueblos étnicos del norte de Vietnam.

Mientras recorría interminables carreteras de montaña, cada curva me revelaba una nueva vista impresionante. Tras varios días de viaje, por fin llegué a Ha Giang, cerca de la frontera con China, donde las comunidades étnicas aún conservan su modo de vida tradicional. Rodeada de montañas, esta región era tan rica culturalmente como impresionante a la vista.
Sin embargo, el momento más inolvidable de este viaje fue un peligroso accidente en una de las curvas más cerradas de la montaña.

Mientras tomaba una curva cerrada, perdí el control y empecé a deslizarme hacia el borde de un precipicio. En el último momento, pisé el freno a fondo y me tiré de la moto, pero mi pie quedó atrapado entre la moto y el suelo.
El dolor era insoportable.
Por suerte, una pareja vietnamita que pasaba por allí se apresuró a ayudarme. Tras un breve descanso, tomé la difícil decisión de continuar el viaje a pesar del dolor. No podía apoyar el pie, pero mis ganas de explorar eran más fuertes.

Al cabo de un rato, por fin llegué a uno de los pueblos que había estado buscando. Me enteré de que se estaba celebrando una ceremonia religiosa, y los habitantes del pueblo me recibieron con los brazos abiertos y me invitaron a pasar.
De repente, me vi envuelto en este ritual único.

En el patio estaban despiezando un jabalí grande. La carne se preparaba con esmero, con cuchillos y hachas, para la ceremonia. No se desperdiciaba nada. Incluso las tripas se hervían hasta adquirir una textura gelatinosa para hacer sopa.
Durante la ceremonia, los hombres y las mujeres se sentaron por separado. Las mujeres lucían llamativos velos rojos y verdes. Acompañada de música tradicional, la atmósfera daba la sensación de pertenecer a otra época.
El ritual comenzó con ofrendas de la bebida tradicional del pueblo y tabaco fumado en pipas de bambú. A continuación, dio comienzo la ceremonia chamánica.

Vestido con ropa tradicional, el chamán realizaba danzas rituales mientras se recitaban oraciones de un libro escrito en caracteres chinos. Al mirar a los ojos de las personas que me rodeaban, vi algo poderoso: una fe profunda mezclada con un misterio tácito.
Me sentí increíblemente afortunado de poder presenciar un momento así.
Este viaje me permitió descubrir no solo la belleza natural del norte de Vietnam, sino también la profundidad del espíritu humano. Las peligrosas carreteras de Ha Giang, junto con las tradiciones sencillas pero profundas de los pueblos étnicos, hicieron de esta una experiencia inolvidable.

Pero esta aventura tuvo su precio.
Al volver, el dolor en el pie se volvió insoportable y tuve que ir al hospital. Los médicos confirmaron que no había ninguna fractura, pero me advirtieron que la recuperación llevaría tiempo.